Esta obra surge a partir de la imagen de un río abriéndose paso entre rocas y superficies erosionadas. Me interesa cómo las piedras y las formas que el agua va creando en el paisaje pueden funcionar como una metáfora del paso del tiempo y de las experiencias que dejan huella. Son marcas que no desaparecen, pero que con el tiempo cambian de significado y se transforman en memoria, aprendizaje e incluso belleza.




